De ninguno de los libros de la Biblia se han conservado a lo largo del tiempo los manuscritos originales, los autógrafos. Por lo tanto, el texto del Antiguo Testamento depende de las versiones que encontramos en distintos testimonios textuales posteriores. Entre estos testimonios se incluyen:
(1) Manuscritos hebreos, pertenecientes a los siguientes grupos textuales:
Texto Masorético
Los manuscritos más antiguos que conocemos y que contienen el texto hebreo completo del Antiguo Testamento datan de alrededor del año 1000 d.C. Estos manuscritos fueron transmitidos y provistos de vocalización (signos vocálicos) y notas por los masoretas, por lo que hablamos del Texto Masorético (TM).
Uno de los manuscritos más importantes que pertenece al Texto Masorético es el Códice de Leningrado, datado en los años 1008 o 1009 d.C. Su nombre se debe a que se conserva en un museo de San Petersburgo (antiguamente Leningrado). La edición científica más utilizada del texto del Antiguo Testamento, la Biblia Hebraica Stuttgartensia (BHS), toma como base este manuscrito. A partir de la BHS se han elaborado muchas traducciones modernas del texto hebreo. También su sucesora, la Biblia Hebraica Quinta (BHQ) —que se espera completa en los próximos años—, adopta igualmente como fundamento el texto de este códice.
Otro manuscrito importante, también perteneciente al Texto Masorético, es el Códice de Alepo. Este manuscrito es un poco más antiguo que el Códice de Leningrado (principios del siglo X) y, al igual que este, presenta el texto oficial tal como fue establecido por los masoretas. Los manuscritos más antiguos que conocemos y que contienen el texto hebreo completo del Antiguo Testamento datan de alrededor del año 1000 d.C. Estos manuscritos fueron transmitidos y provistos de vocalización (signos vocálicos) y notas por los masoretas, por lo que hablamos del Texto Masorético (TM).
Uno de los manuscritos más importantes que pertenece al Texto Masorético es el Códice de Leningrado, datado en los años 1008 o 1009 d.C. Su nombre se debe a que se conserva en un museo de San Petersburgo (antiguamente Leningrado). La edición científica más utilizada del texto del Antiguo Testamento, la Biblia Hebraica Stuttgartensia (BHS), toma como base este manuscrito. A partir de la BHS se han elaborado muchas traducciones modernas del texto hebreo. También su sucesora, la Biblia Hebraica Quinta (BHQ) —que se espera completa en los próximos años—, adopta igualmente como fundamento el texto de este códice.
Otro manuscrito importante, igualmente perteneciente al Texto Masorético, es el Códice de Alepo. Este manuscrito es algo más antiguo que el Códice de Leningrado (principios del siglo X) y, al igual que este, transmite el texto oficial tal como fue fijado por los masoretas.
Rollos del Mar Muerto (Qumrán)
En 1947, en el desierto de Judea, cerca del Mar Muerto y en los alrededores del sitio arqueológico de Qumrán, se descubrieron siete antiguos rollos, entre ellos un rollo completo del libro de Isaías. El anuncio de este hallazgo dio inicio a una intensa búsqueda que llevó al descubrimiento de otras diez cuevas en las inmediaciones de Qumrán, donde también se encontraron manuscritos antiguos y diverso material arqueológico. En total, en estas once cuevas se hallaron alrededor de 800 manuscritos, la mayoría de ellos en estado muy fragmentario. Todos estos textos datan del periodo comprendido entre el siglo III a.C. y el año 68 d.C., poco antes de la destrucción de Qumrán por los romanos.
Entre los textos hallados en Qumrán, se encuentran unos 200 manuscritos —casi todos en estado muy fragmentario— que contienen pasajes del Antiguo Testamento. Se han encontrado fragmentos de prácticamente todos los libros bíblicos, con excepción de Nehemías y Ester. Sin embargo, dado que en la tradición judía los libros de Esdras y Nehemías forman una sola obra, y de Esdras sí se han conservado fragmentos, es muy probable que Nehemías también haya estado presente originalmente. En cuanto al libro de Ester, eso no puede asegurarse; al menos el festival de Purim, mencionado en Ester, no se celebraba en la comunidad de Qumrán. De manera particular, se encontraron numerosos ejemplares de Deuteronomio, los Salmos y el profeta Isaías. El manuscrito bíblico más importante descubierto en Qumrán es el ya mencionado Rollo de Isaías, prácticamente intacto y que contiene el texto completo del libro (1QIsa). Otro rollo de Isaías, hallado en la misma cueva, también tiene gran valor, aunque de este solo se conserva aproximadamente un tercio del libro (1QIsb).
En las décadas posteriores al hallazgo de los manuscritos en Qumrán, también se descubrieron antiguos manuscritos bíblicos en otros lugares de los alrededores del Mar Muerto. Aunque el término “Rollos del Mar Muerto” suele usarse principalmente para referirse a los textos encontrados en Qumrán, en ocasiones también se emplea en un sentido más amplio, incluyendo estos otros manuscritos.
Los manuscritos que fueron hallados en 1951 en el wadi Muraba’at contienen principalmente correspondencia de Bar Kojba, el líder de la revuelta judía contra los romanos (132-135 d.C.). Los demás manuscritos encontrados en este lugar también provienen de ese periodo y de épocas anteriores. Entre estos manuscritos se encuentra un ejemplar de los profetas menores (Oseas hasta Malaquías). Poco tiempo después también se descubrió un rollo con los libros de los profetas menores, procedente de una zona más al sur de Judea, en Nahal Jever.
Otro hallazgo importante de manuscritos es el de Masada (1963-1965). Los manuscritos encontrados allí son todos anteriores al año 73 d.C., cuando Masada fue tomada por los romanos durante la Guerra Judía. Entre los manuscritos hallados en Masada también se encuentran algunos fragmentos conservados de textos bíblicos, entre ellos de los libros de Levítico, Deuteronomio, Salmos y Ezequiel.
Los manuscritos bíblicos encontrados en el desierto de Judea son de un valor incalculable para el estudio del Antiguo Testamento, ya que nunca antes se habían hallado tantos manuscritos de una antigüedad tan significativa (aproximadamente 1000 años más antiguos que el Texto Masorético). Si bien en algunos pasajes existen diferencias entre el texto de los Rollos del Mar Muerto y el Texto Masorético, en términos generales destaca el hecho de que dichas diferencias no son demasiado grandes, lo cual demuestra que el texto del Antiguo Testamento ha sido transmitido con gran precisión a lo largo de los siglos. En ciertos lugares, los Rollos del Mar Muerto presentan una versión distinta que anteriormente solo se conocía a través de la Septuaginta o del Pentateuco Samaritano. Es evidente que a estas variantes textuales debe otorgárseles una gran importancia.
Pentateuco Samaritano
Los samaritanos tienen sus raíces étnicas y religiosas en el Reino de las Diez Tribus de la época de los reyes. Al igual que los judíos, adoraban al Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Moisés era profundamente respetado entre ellos y observaban estrictamente la Torá. Los cinco libros de Moisés eran, de hecho, los únicos que los samaritanos reconocían como autoritativos. A la Torá tal como fue transmitida por los samaritanos se le llama Pentateuco Samaritano (abreviado en las notas como SamP).
Aunque los manuscritos disponibles del Pentateuco Samaritano datan todos de finales de la Edad Media y son, por tanto, relativamente recientes, su valor reside principalmente en el hecho de que la tradición textual del Pentateuco Samaritano ha permanecido separada de la tradición textual entre los judíos.
El texto del Pentateuco Samaritano, quitando las diferencias ortográficas, es en su mayoría idéntico al del posterior texto masorético, pero presenta algunas variaciones. En ciertos fragmentos, la calidad de la transmisión del texto samaritano es claramente inferior a la del masorético, por ejemplo, en lugares donde se igualan las frases de versos paralelos o donde hay añadidos explicativos en el texto. Sin embargo, en otros pasajes, el Pentateuco Samaritano ofrece un texto que podría ser más original que el que se encuentra en la tradición masorética. Esto es especialmente notorio en varios puntos donde las diferencias del Pentateuco Samaritano coinciden con las de los Rollos del Mar Muerto y/o la Septuaginta.
Otros hallazgos de textos hebreos (por ejemplo, Papiro Nash, Geniza de El Cairo, Ketef Hinnom).
Además de los Rollos del Mar Muerto y el Pentateuco Samaritano, se han encontrado otros manuscritos hebreos antiguos que son anteriores al texto masorético, como el Papiro Nash, que data del siglo II o I a.C. y contiene los Diez Mandamientos en una versión que parece unir el texto de Éxodo 20 y Deuteronomio 5, seguido por Deuteronomio 6:4. También se descubrió un gran número de textos en una geniza (un lugar donde se guardan manuscritos en desuso) de una antigua sinagoga en El Cairo, entre los cuales había manuscritos bíblicos desde el siglo V d.C. en adelante, aunque se conservan de forma muy fragmentaria.
También se han realizado otro tipo de hallazgos textuales, como dos amuletos de plata de aproximadamente el año 700 a.C., encontrados en Ketef Hinnom, que llevan grabada la bendición sacerdotal de Números 6:22-27. Este tema se explica con más detalle en la sección correspondiente de este sitio.
(2) Primeras traducciones del Antiguo Testamento, entre ellas:
Septuaginta (LXX)
La Septuaginta (LXX) es la designación que se le da a la traducción griega del Antiguo Testamento, que comenzó a ser elaborada a partir del año 200 a.C.
Motivo
Después de las conquistas de Alejandro Magno en el siglo IV a.C., comunidades judías se establecieron en varias ciudades del Mediterráneo. En la comunidad judía de Alejandría, Egipto, se comenzó a trabajar en el siglo III a.C. en una traducción al griego de los libros del Antiguo Testamento y de otros textos judíos. El resultado de este esfuerzo se conoce como Septuaginta (generalmente abreviado como LXX), y la traducción de los libros bíblicos se finalizó mucho antes del inicio de nuestra era.
Origen del nombre
El nombre Septuaginta —abreviatura del latín septuaginta et duo (‘setenta y dos’)— proviene de una leyenda que se popularizó entre los judíos poco después de que se completara la traducción. Según el relato, el rey ptolemaico (egipcio) de la época encargó la traducción para añadirla a la impresionante biblioteca de Alejandría. A su petición, el sumo sacerdote de Jerusalén habría enviado a setenta y dos ancianos a Alejandría, quienes, trabajando en salas separadas, tradujeron la Torá en exactamente setenta y dos días. Sorprendentemente, sus traducciones resultaron ser idénticas palabra por palabra. Aunque hoy en día se sabe que el valor histórico de esta leyenda es muy bajo, es posible que contenga un núcleo histórico real.
Características
La Septuaginta fue creada por muchos traductores diferentes, quienes además usaron distintos principios de traducción. Algunos libros, como los cinco de Moisés, se tradujeron al griego de manera casi literal. En ocasiones, como con el libro de Eclesiastés, la traducción es tan textual que parece ignorar las reglas de la gramática griega. En otros libros, como el de Daniel, los traductores se tomaron mayores libertades. A veces, incluso actualizaban el texto; por ejemplo, en Isaías 9:11, donde el texto hebreo habla de "Aram en el oriente y los filisteos en el occidente", en la Septuaginta se convierte en "Siria en el oriente y los griegos en el occidente". Además, existían varias versiones griegas de algunos libros, como Jueces y Daniel, y en otros la organización de los capítulos (como en Proverbios) o la extensión del libro (como en Jeremías) era distinta.
Históricamente, la libre traducción de algunos libros de la Septuaginta llevó a pensar que sus traductores no eran fieles al texto hebreo. Sin embargo, estudios modernos, especialmente la comparación con fragmentos bíblicos de los Rollos del Mar Muerto, han demostrado que esta idea es incorrecta. En realidad, los traductores de la Septuaginta se esforzaron por ser lo más precisos posible, aunque a veces aplicaban principios de traducción diferentes a los actuales, como la actualización del texto. Además, se ha confirmado que el texto hebreo base de la Septuaginta difiere en algunos puntos del texto masorético. Para el estudio del Antiguo Testamento, son especialmente importantes los casos en los que las variantes de la Septuaginta reflejan un texto hebreo que también se encuentra en los Rollos del Mar Muerto o en el Pentateuco Samaritano.
Otras traducciones antiguas, como la Peshitta (siriaca), la Vulgata y la Vetus Latina.
Durante los primeros siglos de nuestra era, la Biblia hebrea, a menudo junto con el Nuevo Testamento, fue traducida a otros idiomas. La traducción siríaca, conocida como la Peshitta, data del siglo II d.C., aunque su texto lo conocemos principalmente a través de manuscritos de los siglos V al VII d.C. Su valor para el estudio del Antiguo Testamento es limitado, ya que aún hay muchas preguntas sin resolver sobre su historia textual y se sabe que ha sido editada bajo la influencia de la Septuaginta y el texto hebreo que más tarde sería el masorético. Por otro lado, el padre de la Iglesia Jerónimo, por encargo del papa Dámaso I, realizó entre los años 390 y 405 d.C. una traducción al latín del Antiguo y Nuevo Testamento, conocida como la Vulgata, que se convertiría en el texto oficial de la iglesia en la Edad Media. A pesar de que Jerónimo tradujo el Antiguo Testamento directamente del hebreo, su versión fue tan influenciada por la Septuaginta y otras traducciones griegas que apenas puede considerarse un testimonio textual independiente. Este es un caso aún más claro con las traducciones latinas más antiguas, las Vetus Latina, de los siglos II y III d.C., que no fueron traducidas del hebreo, sino directamente de la Septuaginta.
En la sección con el texto en hebreo y su traducción palabra por palabra, siempre se sigue la versión que aparece en la Biblia Hebraica Stuttgartensia.
Cuando se mencionan variantes textuales en la explicación, se incluyen los manuscritos de Qumrán, el Pentateuco Samaritano (SamP) y la Septuaginta (LXX) como testimonios textuales. En la mayoría de los casos, otros testimonios se han omitido por su valor relativamente menor para el estudio del texto del Antiguo Testamento. Además, no se incluyeron todas las lecturas divergentes de dichos testimonios. Al decidir si una variante textual se mencionaba o no, se consideró principalmente si la diferencia en el texto era relevante para la traducción o la interpretación del pasaje bíblico.
